lunes, septiembre 17, 2007

Realidad alterna.

Camino con rumbo fijo y mientras mis pasos se van hilando uno tras otro me doy cuenta de que entré a otro mundo. Un mundo en el que no hay edificios altos ni de acabado moderno y lujoso ni glamour.

Miro a una esquina y una casa recién pintada de un brillante color amarillo me guiña el ojo desde su ventanita adornada con ladrillo rojo. Camino y me encuentro con una alegoría de olores deliciosos: a mole, a gardenias frescas, a la sopa casera que los niños devorarán antes de hacer la tarea y me saca de ése pensamiento un perrito orejón que me mira desde el quicio de una puerta cómo preguntándome qué hago ahí. Sus orejas se levantan cuando escucha que desde el fondo de la casa lo llaman para que no se vaya a salir a la calle y me despido de él con una sonrisa mientras él se dirige al lugar de dónde viene la voz que le sigue llamando mientras mueve su cola rítmicamente.

Sigo caminando al lado de los enormes portones de madera y noto que también hay de hierro fundido, todos hermosos e imponentes haciéndome notar las lindas casas de vivos colores y hermosos adornos que enmarcan. En sus paredes, ventanas y puertas hay aves de colores, soles sonrientes, animales de todos los tonos y mi mirada va a dar a un típico “Arbol de la Vida” aún sin pintar que recrea el Arca de Noé. –Es hermoso- pienso y una voz me dice -‘Pásele, señorita, tenemos de todos tamaños’- a lo que agradezco con un gesto y sigo mi caminar.

Me cruzo de frente con una parvada de niños que vuelven a casa luego de la escuela con un cargamento indispensable a ésa edad: papas fritas con mucha salsa, dulces y fruta con chile. Hay risas entre ellos cuando uno tropieza con el adoquín por cederme el paso en la mínima banquetita. Siguen de largo con los sweaters amarrados a la cintura, despeinados y con los zapatos polvosos.

Llego a mi destino y veo que todavía es temprano así que decido seguir caminando a ver a dónde me lleva la calle. Unas cuantas cuadras y estoy en pleno centro. Hoy aprendí otro caminito. Hoy olí, escuché, sentí y percibí una realidad distinta, estuve en otro mundo.

9 comentarios:

Gabriela dijo...

Esto, dónde, Andy? En Toluca?... Qué rico!... hace tanto que no tengo esas sensaciones!

doncel dijo...

Que bonito, al leer tu post me situaba en mi Chiclana del alma,saliendo de la escuela. (mi pueblo pertenece a la provincia de Cádiz.)
Te he visto en el blog de gabriela.
Si quieres pasate por mi colina hay sito para más corazones.
Saludos cordiales.
Antonio

Nube Gorda dijo...

Se com lo sientes, es uan sensación rara pero agradable, realidades q existen pero q por algún motivo olvidamos q ahi estan, siento q lo disfrutaste.

Q tengas buena semana, bsuchos

snowdly dijo...

Bonitas fotos, bonito el lugar.

Bonito post.

mafalda dijo...

......

¡¡¡¡¡Esa es nuestra provincia!!!!
Nada de casitas todas igualitas, sin un perro en la calle, árboles cercados y calles inmaculadas.
¡¡¡¡Neeelll!!!

Nuestro país es inesperado, sorprendente, oloroso y visual, no payasaditas ordenaditas y limpiecitas jajajajaj

Un saludo mi amiga, y disfruta lo que a los extranjeros les enloquece y que nosostros los mexicanos tenemos cerca y olvidamos percibir y disfrutar; chistosos somos al ir a otro país y querer ser lo que no somos, y olvidar nuestros olores a comida, ranchito y amor...

Buen inicio de semana...

Mafalda

Exenio dijo...

Que ricoooo !!! A veces hay que dar media vuelta en medio paso para descubrir "de otra manera" lo que siempre estuvo ahí...

Kix dijo...

Wow, te juro que me sentí ahí mismo con tu relato. Es tan difícil tener contacto con ese ambiente... En cambio es normal ver edificios, oficinistas, comida rápida, ruido, sirenas, contaminación...

Un abrazo Andy!!

Juan de Lobos dijo...

¿Metepec?
Mil Besos Andy y un maravilloso inicio de semana.
Por aquí los sueños esperan volverse realidad algún día.

Angeek dijo...

Qué bonita la estructura de tu relato!
Muchas veces pasamos sin ver. Me encantan las artesanías del Edo. de México.